Viernes, 2 de abril de 2004
Esta noche he soñado que me tocaba la lotería. Siete millones de pesetas. Después me he despertado y he pensado que tendría que significar algo. Pero no juego a la lotería. Así que he llegado a la conclusión de que tendría que ser un buen augurio. Creo que no me ha pasado hoy nada fuera de lo normal pero a mi alrededor han ocurrido cosas interesantes. Y es que la magia siempre es más bonita si les pasa a los demás. Y los sueños... pues eso, como decía Calderón, sueños son.
Mi recomendación para este fin de semana es un libro que acabo de terminar, muy sencillo de leer pero muy difícil de olvidar. En El amante de la China del Norte (1991), Marguerite Duras propone un viaje a la Indochina de los años 30 a través de los ojos de una muchacha de 14 años. De su mano, el lector va descubriendo parajes exóticos y personajes complejos que se entrelazan de forma misteriosa en su existencia cotidiana. La fascinante historia de amor entre "la niña" y "el chino" es la historia principal de la obra, en torno a la cual giran otros personajes y otras historias que se irán desarrollando paulatinamente.
La relación entre los dos protagonistas desde la primera vez que se encuentran en el tren, hace vibrar las paredes más profundas del corazón. La conexión entre ambos es perfecta. Y es perfecta sólo en el momento, ya que es una relación prohibida, una relación finita, determinada desde un primer momento al ocaso, ya que él está comprometido con una mujer desde su nacimiento.
Es la segunda parte de esta historia maravillosa, ya que la primera es El amante (1986), cuando "la niña", ya anciana recuerda sus vivencias en el país asiático. Dentro de sus recuerdos aparecen personajes que ya se vislumbran en el primer libro, como Helène (la amiga del internado que quiere ser prostituta), sus hermanos, y en especial, el de la madre. Si en El amante sólo se dejaban ver atisbos de su personalidad y su comportamiento, en El amante de la China del Norte ya tenemos casi todos los datos para completar el caótico puzzle que representa su progenitora.
Retomando la relación entre los protagonistas, en ella conviven la vida y la muerte, la juventud y la madurez, el deseo y la pasión con las lágrimas y la desesperación. A esta intensa historia se le suma la descripción de una Indochina brutal, en la que conviven distintas razas humanas, y la supervivencia del ser en un mundo hostil, donde apenas hay medios económicos. En estos factores interviene de manera continua el calor incesante, presencia indiscutible en el largo verano de Indochina.
Y cuando se acaba de leer el libro, se saborea el vacío, la ausencia, como cuando alguien se va, o algo ya no volverá a pasar. Pero con la certeza de haber conocido la felicidad y sin la amargura de la decepción.
Gracias por leerme. Buenas noches...
Mi recomendación para este fin de semana es un libro que acabo de terminar, muy sencillo de leer pero muy difícil de olvidar. En El amante de la China del Norte (1991), Marguerite Duras propone un viaje a la Indochina de los años 30 a través de los ojos de una muchacha de 14 años. De su mano, el lector va descubriendo parajes exóticos y personajes complejos que se entrelazan de forma misteriosa en su existencia cotidiana. La fascinante historia de amor entre "la niña" y "el chino" es la historia principal de la obra, en torno a la cual giran otros personajes y otras historias que se irán desarrollando paulatinamente.
La relación entre los dos protagonistas desde la primera vez que se encuentran en el tren, hace vibrar las paredes más profundas del corazón. La conexión entre ambos es perfecta. Y es perfecta sólo en el momento, ya que es una relación prohibida, una relación finita, determinada desde un primer momento al ocaso, ya que él está comprometido con una mujer desde su nacimiento.
Es la segunda parte de esta historia maravillosa, ya que la primera es El amante (1986), cuando "la niña", ya anciana recuerda sus vivencias en el país asiático. Dentro de sus recuerdos aparecen personajes que ya se vislumbran en el primer libro, como Helène (la amiga del internado que quiere ser prostituta), sus hermanos, y en especial, el de la madre. Si en El amante sólo se dejaban ver atisbos de su personalidad y su comportamiento, en El amante de la China del Norte ya tenemos casi todos los datos para completar el caótico puzzle que representa su progenitora.
Retomando la relación entre los protagonistas, en ella conviven la vida y la muerte, la juventud y la madurez, el deseo y la pasión con las lágrimas y la desesperación. A esta intensa historia se le suma la descripción de una Indochina brutal, en la que conviven distintas razas humanas, y la supervivencia del ser en un mundo hostil, donde apenas hay medios económicos. En estos factores interviene de manera continua el calor incesante, presencia indiscutible en el largo verano de Indochina.
Y cuando se acaba de leer el libro, se saborea el vacío, la ausencia, como cuando alguien se va, o algo ya no volverá a pasar. Pero con la certeza de haber conocido la felicidad y sin la amargura de la decepción.
Gracias por leerme. Buenas noches...
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