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ALMU THE STRANGE GIRL

De pulpos, ollas, canguros y demás atracciones de feria

De pulpos, ollas, canguros y demás atracciones de feria Esta mañana en el "trabajo" alguien ha propuesto una visita ("ya que no tenemos nada que hacer y son las fiestas de Guadalajara") a las ferias de esta ciudad. Se me ha erizado todo el vello de mi cuerpo. Mi experiencia con las atracciones de feria la verdad es que son nefastas desde que tenía seis años. El primer recuerdo que tengo de un cachibache de esos es de cuando tenía esa edad. Nanín, el vecino de mis abuelos (que tenía por entonces 13) me montó en el Siete Picos del Parque de Atracciones de Madrid con él y con su hermano (de siete años). De lo único que me acuerdo es de ver doble y divisar a mi madre cual hormiguita rubia saludándome con la mano mientras yo llevaba la cara arrasada en lágrimas.

Mi segunda experiencia fue aún peor. Tenía la edad del pavo, cuando vas con tu pandilla de amiguetes y con "el que te gusta", por ello hay que montar en todo, y cuanto más bestia mejor. Por aquel entonces, no había muchas atracciones tan heavies como las de ahora, y para nosotros el "Katapult" era "lo más". Consistía en una pequeña montaña rusa con el primer looping que habían hecho para una montaña rusa española. Mi amiga y yo nos sentamos en nuestro banquito de dos, nos pusieron el cinturón de seguridad y acto seguido se subió un indeciso detrás nuestro que decía continuamente, "ay, si no me tenía que haber subido, si yo me mareo...". Mi amiga le dijo que se bajara, que todavía estaba a tiempo. El hombre se había bloqueado. Cuando la cosa empezó a andar despacio, el hombre dijo que se quería bajar, y mi amiga le gritó riéndose "¡¡¡ya es tardeeeeeee!!! jajajajajjaja!!!" y el "Katapult" empezó a moverse arriba y abajo. De repente, en plena euforia noté que algo caliente recorría mi cuello. El resto es demasiado escatológico. El hombre se vengó de nosotras y vació el contenido de su estómago en nuestros cuellos. Al "que me gustaba" nunca le volví a gustar.

Y la última anécdota con los artilugios volantes no identificados ni homologados fue en Santiago de Compostela. Tras hacer el Camino de Santiago, para celebrar la llegada a la ciudad Xacobea subimos en el Pulpo, aparato de sobra conocido por los asiduos a las fiestas de pueblos. Nos montamos en el susodicho, que hace un recorrido circular de arriba a abajo en forma de montañas de atrás hacia delante y viceversa. Yo ya había montado en la Sierra, pero esto superó mis expectativas. Cuando llevábamos un par de minutos subidos en el Pulpo, con bastantes ribeiros en el cuerpo culpa del París-Dakar, la atracción comenzó a ir demasiado rápido, y el operario responsable que lo manejaba no dándose cuenta de nada preguntó por el micrófono: ¿quién quiere más cañaaaaaaaa? ¡venga, que grite el que quiera más cañaaaaaa!!!!! La atracción empezó a echar humo por la parte central y todo el mundo empezó a gritar desesperado y a levantar los brazos como posesos. Yo también. El operario (seguro que puesto de tripis hasta arriba de las fiestas gallegas) no se coscaba de nada, y seguía desgañitándose: ¡siiiiiii, levantad las manos, que os doy más marchaaaaaaa!!!!! Destino final: luces naranjas de ambulancia, risas histéricas a las dos horas y pánico total a la palabra "atracción".

Decidido. No pienso ir a Guadalajara.

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