La vida del jubilado

Luego he sido yo la que le he llevado a hacer mis gestiones. Me ha acompañado al Instituto y he hecho la matrícula. Le he enseñado la librería y la cafetería. Hemos tomado un aperitivo y le he presentado a Vasco, el dueño de la cafetería, italiano, y mi abuelo le ha contado algo que seguro que él no sabía (y yo tampoco). Nos ha llevado hasta el año 41, Segunda Guerra Mundial. La zapatería de mi abuelo llevaba zapatos y zapatillas que le encargaba el Instituto Italiano para su país que estaba en guerra,porque decían que era el mejor calzado. Mi abuelo las dejaba al responsable y le firmaban la factura. Vasco estaba encantado con mi abuelo porque lleva mucho tiempo trabajando allí y nadie le había contado algo parecido. También le dijo que gran parte del edificio estaba derruido y luego se reconstruyó, etcétera. Cuando salimos de allí yo estaba muy orgullosa de mi abuelo (aún más si cabe).
Esta parte era la más emotiva. La más graciosa es que se me había olvidado que mi abuelo tiene pequeñas manías, sí, esas manías que tienen todas las personas mayores. Para empezar, mi abuelo nunca coge propaganda a la gente de la calle ni aunque se la pongan en las patillas de las gafas (cree que es "droga de esa"), y si es un extranjero ya ni te cuento. Otra manía que tiene, y que recuerdo desde pequeña, era que te pregunta cuatro veces antes de que venga el autobús si tienes billete ("pues sácalo que no te va a dar tiempo"), mucho antes de que se pueda ver el bus que viene (¿a qué no me va a dar tiempo?), en fin. Otra manía es que siempre tengo que ir de su brazo, pero esa manía me encanta...
Buenas noches
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monica -